Un experimento mental
¿Qué revela sobre ti el hecho de temer — o no temer — algo que nunca existió?
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I El origen
Imagina un botón. No uno cualquiera. Uno que, al presionarlo, hace que dejes de existir. No mueres como muere una vela: apagada pero recordada. No. Es algo más radical. Todo lo que fuiste, viviste y sentiste se convierte en lo que es una semilla de diente de león cuando el viento la lleva: nada más ni nada menos que algo que voló y ya no está.
Como si nunca hubieras sido. El universo continúa, pero el hueco donde estabas ni siquiera es un hueco. Es la ausencia perfecta.
II Quiénes temen
Hay quienes, al escuchar esto, sienten un frío en el estómago. Temen dejar de existir. Es el miedo más antiguo: el de la muerte, el de la nada, el de que todo lo que construiste sea polvo que ni siquiera sabe que fue polvo.
Y hay quienes... no lo temen. O incluso lo desearían. El botón los deja indiferentes, o los atrae.
Eso ya dice mucho sobre cada uno.
III Las reglas del botón
Para que el experimento fuera más profundo, se añadieron reglas. Reglas que cambian quién teme y por qué:
Ahora incluso quienes no temían el cese de existencia tienen algo que considerar: ¿temes el dolor aunque nadie lo sepa, aunque no quede memoria de él? Las personas con distimia — que cargaban con el dolor como compañero constante — ahora también miran el botón distinto.
V La verdad
Falso.El botón nunca tuvo ese poder.
Las reglas que lo rodeaban, el miedo que generaba, las noches pensando en él — todo construido sobre una premisa que no existía. El botón era falso.
Y entonces surge la pregunta que se queda.
VI Las preguntas
Si el botón era falso... ¿las reglas que lo acompañaban también eran falsas? ¿O las reglas tenían una verdad propia que existía independientemente del botón?
Tu miedo era real. Lo sentiste. ¿Puede ser genuino el miedo a algo que nunca existió? ¿O eso hace que tu miedo también sea, en algún sentido, falso?
Si mañana descubres que la muerte funciona distinto a como creías — que no hay dolor, o que sí lo hay — ¿cambia en algo cómo has vivido hasta hoy?
¿Qué dice de ti haber dudado antes de presionar un botón que nunca tuvo poder? ¿Y qué dice de quien no dudó?
Las reglas de algo falso no tienen que ser falsas. Una mentira puede contener verdades. Un botón sin poder puede revelar, con perfecta claridad, quién eres cuando crees que nadie — ni siquiera tú en el futuro — estará mirando.